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El tren que cambió Sóller para siempre

Calas cerca de Sóller

Hubo un tiempo en que llegar a Sóller era toda una aventura.

Hoy basta con subir al histórico tren en Palma y dejar que el paisaje vaya cambiando detrás de la ventanilla. Pero hace poco más de un siglo, llegar hasta el valle de Sóller significaba enfrentarse a las montañas de la Serra de Tramuntana por caminos estrechos y difíciles.

El valle, fértil y próspero, vivía en buena medida de sus naranjos y de su actividad comercial. Sin embargo, aquella misma geografía que hacía de Sóller un lugar tan especial también lo mantenía prácticamente aislado del resto de Mallorca.

Hasta que un día alguien imaginó que las montañas podían atravesarse.

Un valle separado del resto de la isla

A comienzos del siglo XX, Sóller necesitaba una conexión más eficaz con Palma y con el resto de Mallorca. Los viajeros tenían que salvar el Coll de Sóller por una carretera complicada, mientras que transportar mercancías resultaba lento y costoso.

La necesidad era especialmente importante para una economía basada en la agricultura y el comercio. Los cítricos cultivados en el valle necesitaban llegar a otros mercados y al puerto con mayor facilidad.

La idea de construir un ferrocarril comenzó a tomar forma a finales del siglo XIX. Uno de sus principales impulsores fue el solleric Jerónimo Estades, empresario y diputado provincial, que defendió la creación de una línea ferroviaria que conectara Sóller con Palma.

Pero había un problema evidente: había que atravesar la montaña.

Un proyecto que parecía imposible

Las obras comenzaron el 3 de junio de 1907, trabajando simultáneamente desde Palma y desde Sóller.

La Serra de Tramuntana no iba a ponerlo fácil.

El trazado obligaba a construir túneles, trincheras y viaductos para salvar un terreno extremadamente accidentado. El mayor desafío era la Serra d'Alfàbia, que debía atravesarse mediante un túnel de 2.856 metros.

Durante años, hombres y máquinas trabajaron en unas condiciones muy diferentes a las actuales. No había grandes medios tecnológicos ni maquinaria moderna capaz de resolver automáticamente las dificultades del terreno. Había que abrirse camino, literalmente, dentro de la montaña.

Y poco a poco, el tren empezó a acercarse a Sóller.

La llegada de la locomotora María Luisa

El 19 de agosto de 1911, la pequeña locomotora María Luisa alcanzó el mirador de Pujol d'en Banya.

Poco después, el 30 de septiembre de 1911, llegó a Sóller el primer tren de obras.

El 7 de octubre de ese mismo año tuvo lugar una inauguración extraoficial muy especial. La María Luisa, acompañada de un coche salón, llevó hasta Sóller a algunas de las personas que habían hecho posible el proyecto, entre ellas Jerónimo Estades y Pedro Garau.

La gran inauguración tendría que esperar unos meses.

16 de abril de 1912: Sóller queda conectado

Finalmente, el 16 de abril de 1912, el Ferrocarril de Sóller se inauguró oficialmente. Las locomotoras nº 1, “Sóller”, y nº 2, “Palma”, encabezaron el convoy inaugural. Aquel día comenzaba una nueva etapa para el valle.

El tren no era entonces una atracción turística. Era algo mucho más importante: una nueva puerta hacia Sóller. Permitía transportar personas y mercancías con mucha mayor facilidad y conectaba el valle con Palma y con el resto de la isla.

La distancia geográfica seguía siendo la misma. Pero la distancia que separaba Sóller del mundo había cambiado para siempre.

Del comercio a los viajes

Un año después de la inauguración del ferrocarril, llegó otro acontecimiento que terminaría de transformar la conexión del valle. El 4 de octubre de 1913 se inauguró el tranvía eléctrico entre Sóller y el Port de Sóller. La línea recorría 4,868 kilómetros y permitía enlazar el pueblo con su puerto.

Así nació una combinación que hoy sigue formando parte de la experiencia de muchos viajeros: Palma → Sóller → Port de Sóller.

Lo que comenzó como una necesidad económica y de comunicación acabaría convirtiéndose, con el paso del tiempo, en uno de los recorridos ferroviarios más emblemáticos de Mallorca.

El tren también cambió de energía

En 1929, el Ferrocarril de Sóller dio otro paso importante: el 14 de julio se inauguró la tracción eléctrica entre Palma y Sóller.

Desde entonces, el tren continuó evolucionando sin perder aquello que lo hacía especial.Hoy, más de un siglo después, sus vagones y su trazado permiten experimentar un viaje que conserva buena parte de la esencia de aquella primera conexión.

Y quizá esa sea una de las razones por las que subir al tren sigue siendo algo más que desplazarse de un lugar a otro.

Un viaje que forma parte de la historia de Sóller

Cuando el tren sale de Palma, el paisaje va cambiando poco a poco. La ciudad queda atrás. Aparecen las montañas. El convoy se adentra en la Serra de Tramuntana y atraviesa los túneles que forman parte de la historia de la línea.

Después llega uno de los momentos más especiales del recorrido: el Viaducte dels Cinc Ponts, con sus cinco arcos de piedra, antes de que el valle de Sóller aparezca entre los naranjos y los olivos.Y entonces se entiende por qué este tren es tan especial. Porque no solo lleva hasta Sóller.

El tren cuenta cómo Sóller llegó a ser el Sóller que conocemos hoy.

Más de un siglo después

El Ferrocarril de Sóller lleva realizando el trayecto entre Palma y Sóller desde 1912 y el tranvía entre Sóller y el Port desde 1913. La línea ferroviaria tiene actualmente 27,3 kilómetros y la del tranvía 4,9 kilómetros.

Lo que nació como un proyecto para acabar con el aislamiento de un valle terminó convirtiéndose en parte inseparable de su identidad.
Quizá por eso, cuando el tren entra finalmente en la estación de Sóller, la sensación no es exactamente la de haber llegado.

Es más bien la de haber viajado atrás en el tiempo para descubrir el valle de una manera diferente.


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